AICAD | Revolución en mil años de educación

La educación organizada está cumpliendo sus primeros mil años de existir bajo el sistema escolarizado y masivo, las primeras universidades se fundaron en el medioevo en Europa. Anteriormente, la educación se impartía a través de institutrices y tutores a nivel individual, a los que por supuesto solamente podían aspirar las familias nobles y ricas, salvo por los monasterios y las órdenes religiosas que eran las otras opciones factibles para quien aspirara a un nivel educativo superior, con la condición de ofrecer el resto de su vida a la religión.

La demanda abrió la oferta educativa y ésta se masificó dando origen a lo que actualmente conocemos como sistema escolarizado y que, por razones obvias de costo, tuvo que dejar atrás el modelo individual y personalizado.

La evolución que han tenido las diferentes ramas del saber ha sido vertiginosas, pues día a día se han identificado mejores y más eficaces métodos de hacer las cosas; así por ejemplo, la medicina va derribando constantemente paradigmas y lo inimaginable en el pasado hoy en día es una realidad: trasplantes de órganos, endoscopia, cirugía láser, pulmones artificiales, en fin, no percibimos ni siquiera las fronteras de hasta dónde se puede llegar, el resultado: mayor bienestar y longevidad para la humanidad. En cuanto a la electrónica combinada con la informática surgen constantemente avances que en otro tiempo nos parecerían un cuento fantasioso, producto de una mente soñadora, como lo fue la de Julio Veme: telefonía celular, televisión interactiva, Internet, realidad virtual, telescopios interestelares, fotografía galáctica, microclimas artificiales. En síntesis, no creo que nadie lleve la cuenta y el detalle de los avances que ha logrado el ser humano en los últimos 50 años, pero de lo que sí estamos ciertos es de su resultado: mayor bienestar.

Y así la educación se ubica como el principal detonador de la actual modernidad que disfrutamos. Sin embargo, sería injusto no reconocer toda la inteligencia que ha consumido el arte de la destrucción que constantemente lanza al mercado formas más sofisticadas y devastadoras para aniquilar al ser humano y su entorno: las guerras químicas y bacteriológicas, el progreso atómico, satélites espías, explosivos más efectivos; innumerables son los recursos con los que cuentan las naciones más desarrolladas para atemorizar y, si es necesario, devastar literalmente a quien se atreva a desafiarlas; al menos en el pasado se necesitaba más valor para combatir, pues era enfrentar cuerpo a cuerpo al enemigo; actualmente sólo es necesario oprimir un botón para que el holocausto se produzca, guerras de cobardes con alta tecnología.

A nivel conceptual, podríamos afirmar que el resultado de los mil años de la educación han producido bienestar y destrucción, formas para vivir mejor y para eliminarnos más rápida y efectivamente; cabría preguntarnos ¿y el bien ser dónde se extravió?, ¿en qué momento perdimos la brújula?, ¿en qué momento se nos olvidó el destino superior del ser humano?

Las formas consumen la mayor parte de nuestro tiempo, olvidándonos del fondo que es la esencia de donde proviene todo lo que somos. Lo importante del fondo es la forma.

A principio del siglo XXI, la crisis educativa ha llegado al fondo y los valores se hacen más evidentes que nunca, es inútil la educación si no se nos hace más humanos; el ser humano es por decisión y para ello es necesario dar a conocer con profundidad los valores y principios universales y transmitirlos con un poderoso proceso pedagógico para que el alumno decida por ellos.

La educación básica en los niños debe ser la plataforma de lanzamiento y, por supuesto, es indispensable lograr una reconversión mental del magisterio en forma integral, tarea urgente e importante de alta prioridad, si deseamos cambiar nuestra realidad para estar en posibilidades de diseñar nuestro futuro.

El consumismo nos ha consumido y la alta competencia nos ha invertido la escala de valores. Buscamos inconscientemente y en forma ferviente todos aquellos conocimientos que nos permiten lograr un nivel mayor de bienestar y estamos dispuestos a invertir en nosotros mismos, en nuestros hijos y empleados ante la oferta de que a través de cierta información lograremos ganar más dinero, pero los temas de formación humana los hemos ubicado como relleno y complemento en nuestro actual modelo educativo; es más, los consideramos “improductivos”.

Todas las acciones humanas son el resultado de un motivo. Así, alcanzar la cima de una montaña, devolver a su dueño un objeto encontrado por nosotros, realizar una tarea de calidad, servir con una actitud cordial, esbozar una sonrisa a pesar del cansancio, aspirar a lograr la excelencia, son producto de un motivo interno que nos impulsó a realizar cierta acción y también a no hacerla.

La desmotivación es una falacia, no existe, imagine el grado extremo de la motivación, el que un ser humano ofrezca su propia vida por defender una causa o por los seres que ama, y a la inversa, qué poderosos motivos mueven a una persona a suicidarse, le aseguro que no fue porque está desmotivada.

Debemos conceptualizar más allá de la superficialidad; lo que tradicionalmente hemos comprendido por motivar como un impacto sólo emocional que nos impulsa a la acción, más bien ubicar el tema como el núcleo central de la formación de la voluntad, que es el detonador de lo que haremos con nuestra vida, es de hecho lo que nos lleva a ubicarnos existencialmente y lograr identificar nuestra razón para existir; logramos ubicarnos en la vida cuando podemos precisarnos a nosotros mismos a qué causa servir o a quiénes amar ya partir de ese momento nuestra vida tiene un significado.

Qué extraordinario reto debe enfrentar el magisterio en todo el mundo para lograr transmitir los valores y principios universales, y lo más trascendente, darle a sus alumnos los motivos para vivir de acuerdo con ellos.

Si usted es líder, ya sea de un departamento, de una empresa, de una organización filantrópica, religiosa, sindical o social, es más, si usted sustenta un puesto público de alto nivelo es padre de familia, ¿qué valor tendría que pudiera darle a sus seguidores los motivos para que realizaran sus tareas en forma excelente?

En el campo afectivo también existen motivos para amar y motivos para desamar, hay quien nos seduce por su trato y atenciones y quienes nos mueven a alejarnos por su constante maltrato y humillación, y esto se da a nivel pareja, con la familia, con los amigos, en fin; algo internamente nos impulsa siempre para hacer todas nuestras acciones.

Tenemos que reinventar urgentemente nuestro sistema educativo y podríamos esquematizarlo en dos grandes temas: formación tecnológica que nos permita alcanzar el bienestar y el nivel de riqueza que cada quien ambiciona en la vida y la formación humana que nos enseñe cómo vivir; lograr el bien ser que, al igual que la tecnología que evoluciona permanentemente, también en el lado humano nos impulse día a día a ser más humanos, y por supuesto en la formación integral; esta segunda área sería la primera y fundamental en transmitir.

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