HISTORIA DE LOS CAMPOS DE DIAMANTES

HISTORIA DE LOS CAMPOS DE DIAMANTES- (Una historia verdadera)

Hace ya mucho tiempo, vivía al borde del desierto de la India un granjero árabe. Su nombre era Amhed, era varón justo, hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Tenía tres hijos y cuatro hijas. Su hacienda era de tres mil ovejas, dos mil quinientos camellos, quinientas asnas y muchos criados y criadas. Sus días transcurrían en medio de abundancia y felicidad. Era rico porque estaba satisfecho y estaba satisfecho porque era rico.

Un día recibió la visita de un honorable sacerdote del Islam, un anciano noble y sabio, lleno de luz y de días. Amhed lo recibió según el protocolo que merecía tal eminencia, brindándole sus mejores manjares y sus más deliciosos dátiles. Le hizo ungir, además, por sus criadas con exquisitos perfumes y ungüentos.

Cuando la cena llegó a su fin, aún sentados sobre hermosos almohadones de seda bordados en oro, el anciano recorrió con su mirada la amplia tienda fastuosamente adornada y con una amplia sonrisa se dirigió a su respetuosos anfitrión:

– El homenaje de tu casa ha sido excelente- dijo complacido.

– Me alegra que te sientas cómodo en mi humilde vivienda- dijo emocionado Amhed.

– Ahora- continuó- si no te incomoda, mucho nos complacería que nos brindes el regalo de tu sabiduría contándonos una historia, lo que sería una gran bendición para mi familia y para mí-

– Hijo mío- contestó el ilustre visitante-¡nada me halagaría más!-

-¡Alá te dé larga vida!- alabó el granjero, y se preparó con su familia para escuchar la historia.

El longevo sacerdote, con la pausa del excelso narrador, comenzó a desgajar su relato.- Hace ya mucho tiempo, hijo mío, mucho antes de que existiesen el cielo, las estrellas y la tierra que ahora habitas, el universo era una gran nube incandescente de incalculable tamaño. En ese entonces, Alá, nuestro Señor todopoderoso la hizo comenzar a rodar por impulso de su santa mano, y ella comenzó a girar y girar. – luego de una pausa, y en el silencio de la noche tachonada de estrellas continuó suavemente- En ese giro eterno, se desprendieron trozos formidables de esa nube hirviente, y como enormes esferas se enfriaron hasta formar lo que son hoy los astros de nuestro universo. Una de estas esferas es la tierra que habitamos… En las partes que esta esfera se enfrió menos rápidamente, se formaron los metales, los que serían de gran utilidad para el hombre.

Más, las partes que se enfriaron mucho menos rápido dieron origen a los diamantes. Estas piedras son tan valiosas para el hombre, que muchos han muerto en su afán de poseerlas, se han derrumbado naciones por las luchas y traiciones que generaron los diamantes, se han cometido felonías inimaginables y los reinos que una vez fueran los más poderosos de la tierra se han quebrantado por la misma causa. Con un diamante del tamaño de una nuez podrías comprar el condado. Con una alforja llena de diamantes obtendrías fácilmente un reino para cada uno de tus hijos. Tal es el poder de esas piedras… –

Amhed no se interesó por el resto de la historia. Cuando se retiró a sus aposentos aquella noche no tenía pensamientos más que para los diamantes. Entonces cuando se despertó su codicia por tal fortuna, el granjero se sintió pobre, ya no estaba satisfecho.

Esa noche no pudo conciliar el sueño. A la mañana siguiente corrió a saludar a su invitado y le preguntó ansiosamente:

-¿Dónde puedo encontrar diamantes?- apremiando al sabio.

El sacerdote lo miró muy sorprendido.- ¿Diamantes?,¿Para qué quieres diamantes?-

– ¡Pues quiero encontrar diamantes!- insistió.

El sacerdote le miró muy profundamente antes de contestar:

– Los diamantes se encuentran en los ríos de montaña, con lecho arenoso y aguas claras.-

Entones Amhed vendió su propiedad y todo lo que en ella había, sin obtener demasiada ganancia. Dejó su familia al cuidado de un amigo y partió a buscar diamantes.

Con gran sabiduría comenzó su búsqueda dirigiéndose a las montañas de la luna, y continuó su esperanzado camino por lejanas tierras hasta agotar todo su dinero, sin encontrar diamantes. Al fin, cansado y desesperado frente a una playa del mar mediterráneo, se internó en las profundas aguas costeras, y nadie volvió nunca a saber de él.

Mientras tanto en la que fuera la granja de Amhed, se suscitó un pequeño incidente. EL nuevo dueño llevó a los camellos a un pequeño oasis para abrevar dentro de sus tierras, cuando uno de los animales levantó con su pata una piedra oscura. El granjero sorprendido en su curiosidad levantó el pequeña pedrusco, lo llevó a su casa y lo puso sobre la mesa.

El anciano sacerdote, que visitaba regularmente al nuevo hogar, ese día fué cordialmente recibido por el actual amo. Cuando del filósofo observó la piedra sobre la mesa lanzó una exclamación: -¡Un diamante!-

– Eso no es un diamante contestó el granjero-

– ¡Oh, sí!, Contestó el ungido, los conozco muy bien, ¿dónde los encontraste?-

Entonces fueron donde había sido desenterrada la piedra y excavando la arena, encontraron campos y campos de diamantes. Los había por doquier y cuantiosa fue la fortuna a que logró el granjero y el lugar pronto se convirtió en una mina.

De esta mina de extrajeron los diamantes Golconda y Ko-hi-nor de la corona británica. El desdichado Amhed había vivido todo el tiempo sobre miles de diamantes sin llegar a entreverlo siquiera.

Lo sucedido fue profundamente meditado por el anciano sabio y una noche cuando se encontraba reunido con el granjero rico comentó con su mirada dirigida a la lejanía: ¡Pobre Amhed!, Vivía sobre una fortuna incalculable, Siendo rico y feliz buscó fuera de su hogar lo que tenia dentro. ¡Qué terrible ceguera la de los hombres que buscan en lejanos terrenos la sabiduría y riquezas vírgenes que llevan dentro de sí!-

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