Ser joven y rebelde de orden superior

Un joven debe ser dueño de su vida, de su presente y estar dispuesto a desafiar su porvenir.

Aceptar las circunstancias sin envidiar ni protestar, admitir la maravilla que somos y lanzamos a conquistar nuestro propio destino.

Ser joven significa ser dueños de nuestro presente y desafiar nuestro porvenir, hay que aceptar las circunstancias que nos tocó vivir, sin envidias, sin rencores, sin protestas. ¡Alerta! con lo que a continuación les voy a plantear: mucha gente nos ha dicho que el destino es lo que está por venir, no es cierto, el destino es lo que ya llegó, ¿qué quiero decir con esta afirmación?

Ninguno de los que estamos aquí, en este tiempo y en este espacio, decidimos en qué año nacer, en qué país nacer, qué padres tener, ni decidimos el cuerpo que poseemos. Nadie decidió ni eligió su hardware, ¿o sí? , yo quiero este cuerpo, me das una nariz más corta, unas piernas más largas. Debemos aceptar lo que somos.

Concluimos que nadie decidió tener el hardware que posee, lo que se nos dio físicamente y de la circunstancia que encontramos al momento de nacer, no hubo manifestaciones o mítines para elegir a papá, no se nos pidió nuestra opinión, “quiero a Juanito de papá”, no, sencillamente nos tocó nacer ahí, en esas circunstancias, en una familia humilde, de clase media o en una familia millonaria; a algunos nos tocó nacer en España, lo mismo que pudimos haber nacido en Estados Unidos, o inclusive haber sido primos hermanos de Saddam Hussein. ¡Imagínense!, la gran cantidad de lugares y épocas en que pudimos haber nacido.

A esta realidad es a lo que se llama determinantes circunstanciales, es la circunstancia que ustedes y yo hallamos al llegar a este mundo, no nacimos en el siglo pasado, ni vamos a nacer en el siglo XXI, ya nacimos y nos encontramos aquí y ahora, entonces, ¿qué tenemos que hacer una vez que estamos conscientes de ello?

Lo que tenemos que entender es que nuestra circunstancia personal nos fue dada y ya, no la podemos cambiar, no podemos estar toda la vida quejándonos de la vida.

Jóvenes, reflexionen: esto te tocó a ti, esto le tocó a él y esto me tocó a mí, y ya no podemos modificarlo. ¿Qué cuerpo les gustaría tener?, pero sean bien pensados, qué cuerpo les gustaría tener, quieren la respuesta más acertada, bueno, pues el que tienen, no hay remedio, no tenemos opción, por más cirugía y por más implantes o desplantes que se hagan es el mismo cuerpo el que tienen; hay gente que yo conozco, que tres o cuatro veces se restiró por todos lados, es más, cuando se ríen levantan las rodillas, ya no saben qué hacer para verse mejor, para modificar el hardware que traen, ese hardware, nadie lo puede modificar, qué tenemos que hacer con nuestra realidad: ¡Aceptarla!

Una vez que entendemos nuestro destino y aceptamos nuestra circunstancia, lo siguiente es forjar nuestro porvenir, lanzarnos a construir nuestro presente, lanzarnos a conquistar nuestro futuro, eso sí nosotros lo podemos decidir. Teilhard de Chardin, uno de los grandes pensadores de todos los tiempos, que precisamente por pensar así casi le valió la excomunión en su tiempo, se atrevió a decir en pleno seno de la Iglesia que “el hombre no es víctima de las circunstancias, el hombre crea su propia circunstancia”, como aquel al que le preguntan: ” ¿Por qué eres un borracho?” y contesta: “Pues cómo no voy a ser un borracho, si todos mis semejantes son borrachos”, o: “Es que entré a trabajar en una embotelladora de ron y agarro la jarra todos los días en la línea de producción”.

En un momento dado hay gente que se siente víctima del medio ambiente, se siente víctima de sus padres, se siente víctima de su cuerpo, se siente víctima de todos, es más, se siente víctima hasta de Dios. En verdad, cuántas veces han comentado con algún compañero: “Oye, ¿por qué te dejaron en matemáticas?” y él le responde: “Ya estaba de Dios”, imaginen a nuestro Señor estudiando matemáticas.

Tenemos que aprender que la circunstancia del presente y del futuro no está dada ni por la buena ni por la mala suerte ni por mis padres, ni por mi cuerpo, ni por el vecino, ni porque le caí bien o mal a la maestra de matemáticas me va a acreditar o a reprobar; en cambio, sí tiene que ver mucho la circunstancia que yo cree en mi vida.

El ser humano, los jóvenes de edad o de espíritu, todos los jóvenes, todas las personas, deseamos y podemos tener las circunstancias que queramos, ¿no les gusta su grupo de amigos?, cambien la circunstancia; ¿no les gustan sus ingresos económicos?, cambien su nivel socioeconómico y busquen otro trabajo; ¿no les gusta su vida espiritual?, busquen una superior, busquen qué es lo que quieren modificar y modifiquen su porvenir.

Por eso dice el punto número uno, ser joven significa ser dueño de nuestro presente, yo me hago propietario de mí mismo, voy a liberarme de las ataduras del pasado, voy a llegar hoy con mis papás y les voy a decir: “Padres, saben, ya los perdoné, ya no les voy a echar la culpa de nada, ya perdoné también a la vieja gorda de matemáticas, ya no voy a culpar a nadie, yo soy dueño de mi presente, lo que tengo es lo que yo he sembrado; como he llamado a la vida, ella me ha contestado, lo que estoy haciendo hoy es lo que va a ser mi futuro”.

Un gran pensador inglés, Carlyle, decía: “Los seres humanos desperdician siempre la primera parte de su vida, y en la segunda, tratan de reparar lo que hicieron mal en la primera“.

Somos dueños de nuestra vida, pero para ello necesitamos liberarnos de nuestros complejos y de nuestros prejuicios, de nuestros rencores, de las cuentas por cobrar que hemos acumulado durante nuestra vida. Me tengo que hacer dueño de mi vida, no culpando a nadie, no creer que debido a que soy víctima de las circunstancias no puedo hacer nada, no culpar a la mala suerte, a Dios, a la pitonisa, a quien sea, pues definitivamente yo soy el único dueño de mi propia vida, por eso, es ahí donde nace la conquista de nuestro porvenir: ¿A dónde quieres llegar?

Decía Winston Churchill sobre la autodeterminación del hombre: “Lo que yo decida hacer con mi vida, lo voy a hacer“, nada más que decídete a hacerlo, lánzate a hacerlo. Esto es verdaderamente lo más importante, lanzamos a hacer las cosas por nosotros mismos.

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