Claves para superar el estrés familiar

La Familia y el estrés

La familia es el núcleo de toda sociedad moderna, donde padres, hijos y hermanos conviven íntimamente.

La familia, por lo tanto, es un grupo en el que comentamos nuestros problemas, satisfacemos nuestras necesidades de dar y recibir afecto y encontramos un alivio a nuestros quehaceres cotidianos.

Sin embargo, dentro de la familia se dan tensiones, algunas tan fuertes que son capaces de provocar niveles excesivos de estrés, tales como el divorcio, la enfermedad o la pérdida de alguno de sus miembros. Ante esta problemática, la familia sana reconoce los momentos de estrés y desarrolla métodos para superarlos.

Esto es esencial, ya que si en una familia llegan a acumularse pequeñas tensiones, el resultado puede ser el debilitamiento y hasta el rompimiento de la unidad, por ejemplo, los desacuerdos sobre la manera de gastar el dinero, que pueden provocar más fricciones que la falta de él.

En realidad toda familia experimenta momentos de estrés. Lo importante es aprender a superarlos, y el primer paso para ello es olvidamos de la visión idealizada de la familia como el paraíso de la paz y la armonía en el que nos recobramos de las tensiones del mundo exterior.

El estrés familiar afecta a todos los miembros del grupo debido a las interrelaciones que se establecen en él; sin embargo, existen familias que manejan adecuadamente el estrés porque:

* Lo consideran temporal y positivo Trabajan unidos para disminuir los efectos del estrés, lo cual refuerza la capacidad familiar.
* Se adaptan a los nuevos factores que enfrentan (por ejemplo, cambian la distribución de responsabilidades o modifican el uso del tiempo).

Se sienten tranquilos al manejar el estrés.

Por el contrario, hay familias que no manejan bien el estrés y:

* Se sienten culpables del estrés que existe en el grupo.
* En vez de solucionar el problema buscan a quién echarle la culpa de éste.
* Se dejan llevar por el estrés y no les importa superarlo.
* Se centran en los problemas familiares en vez de hacerlo en los recursos y/o las fuerzas de la familia.
* Se sienten exhaustos en vez de fortalecidos luego que el estrés ha pasado.

Las familias que no manejan bien el estrés tienden a sentir que deben actuar con urgencia y rapidez, sin darse un tiempo para descansar y relajarse.

Ello provoca peleas, malentendidos e insultos; también se da la manía de escapismo, en la que un miembro del grupo se encierra en su habitación o en algún rincón de la casa, o simplemente se aleja de ella para evitar los conflictos y la comunicación.

En ello también influyen los sentimientos y las ideas de la persona respecto a cada situación. Este sentir y pensar individual repercute frecuentemente en el sentir y pensar de los otros miembros de la familia.

Los sentimientos están ligados íntimamente a lo que pensamos, pues se influyen unos a otros en un círculo continuo. Desde esa perspectiva, la forma en la que explicamos lo que nos pasa tiene una influencia significativa tanto en la salud como en la enfermedad o en comportamientos convenientes o inconvenientes para nosotros mismos y quienes nos rodean.

Una causa fundamental de las emociones negativas es el pensamiento distorsionado que se da al interpretar los acontecimientos que vivimos.

Algunos estudios señalan que las personas con alto riesgo de depresión, enfermedad y que repiten los mismos errores, suelen tener un estilo particular de explicar las cosas. Por ejemplo, se culpan de todo cuanto falla en un proyecto o en una relación, sintiendo que algo en ellos está mal. Finalmente se programan repitiéndose a sí mismos “nunca podré…”

Otras personas promueven más su salud, son optimistas y tienen menos riesgo de enfermedad. Para aprender de sus fallas, reflexionan sobre los acontecimientos y buscan alternativas para no cometer nuevamente los mismos errores.

Las ideas que hacen perder el buen manejo de nuestras emociones son conclusiones parciales de la realidad.

Exageran las repercusiones de las consecuencias negativas, cierran de antemano las alternativas o crean la sensación de que todo está perdido, cuando no es así.

Hay personas demandantes que exigen que la realidad se cumpla en 110% de acuerdo a sus expectativas, o se exigen demasiado a sí mismos creándose tensión excesiva y problemas de salud. Juzgan lo que otros hacen o lo que pasa en el ambiente como: Todo o nada, siempre o nunca, blanco o negro, sin considerar que la vida es más bien una amplia variedad de matices.

Las ideas condenatorias hacen que juzguemos moralmente a los demás, perdamos la dimensión real de las cosas y olvidemos que todos somos capaces de actuar en forma incompetente, irresponsable o con grandes fallas.

Cuando esto sucede lo que provocamos es una gama de emociones negativas que hacen difícil una vida emocional sana.

La persona irresponsable enfoca los acontecimientos como algo fuera de

control personal y los ubica fuera de sí mismo, en el pasado: así me educaron; en agentes incontrolables: así es mi carácter, o en acciones de otros: tal persona me saca de mis casillas. Estas ideas, lejos de ayudar a pasar bien los momentos, nos crean emociones difíciles de manejar y obstaculizan la creatividad para manejar problemas.

Uno de los principales factores para manejar bien las emociones, es el control de la irracionalidad de los pensamientos, transformándolos en enfoques racionales donde se analizan los acontecimientos a partir de ideas basadas en datos reales, y se construyen soluciones, haciéndonos responsables de la propia contribución a los problemas y entendiendo que no todo puede estar bajo nuestro control.

Si nos enfocamos a lo que es posible en el presente, pensando que las situaciones, por muy incómodas que sean, no alcanzan a cerrarnos todas las posibilidades, encontraremos cómo manejar hábilmente las situaciones sin un desgaste emocional innecesario. Las emociones se ligan a las ideas que nosotros fabricarnos y controlarnos.

En materia de sentimientos lo importante es:

* Reconócelos: ¿Cuáles son, qué son? Nómbralos.
* Localízalos: ¿Dónde viven, qué los causa?
* Exprésalos: Sácalos en el momento adecuado, verifica si corresponden a la realidad que te los causa.

Recuerda que quien más necesita de tu apoyo y más te lo puede brindar es tu familia, ellos merecen tener momentos de diálogo y convivencia. Si tú lo promueves, todos juntos pueden aprender a controlar su estrés.

¿Qué situaciones son las que provocan a la familia las mayores tensiones?

Un estudio que se realizó a 450 hombres y mujeres, y fue publicado en 1985, arrojó como resultado que las diez causas más comunes de tensión son:

1.- La economía, las finanzas y el presupuesto.

2.- La conducta de los hijos (peleas, disciplina)

3.- El poco tiempo dedicado a la pareja.

4.- La falta de distribución de las responsabilidades familiares.

5.- La comunicación con los hijos.

6.- El poco tiempo para uno mismo.

7.- El sentimiento de culpa por no lograr más.

8.- La relación conyugal (comunicación, sexualidad, amistad).

9.- El tiempo insuficiente para convivir con la familia.

10.-El exceso de demandas y compromisos.

Ante esto, es recomendable que la pareja considere el estrés como algo normal en la vida familiar; que comparta sentimientos además de palabras; que desarrolle métodos para superar los problemas; que se apoyen uno a otro en esos momentos difíciles; que sean capaces de adaptarse a las nuevas etapas. Pero sobre todo, debe existir una comunicación abierta y honesta.

Esto ayudará a la familia a enfrentar el estrés y los problemas.

La escasa comunicación entre los miembros de una familia puede ser generadora de muchos problemas, y en este sentido te damos algunas sugerencias que pueden servirte de apoyo para mejorar la comunicación y el diálogo familiar.

* Hacer énfasis en lo positivo que haga o diga cualquier miembro de la familia, en lugar de resaltar lo negativo.
* Promover una actitud de compartir y cooperar.
* Distribuir equitativamente las responsabilidades de la casa.
* Buscar un equilibrio entre obligaciones y recreación.
* Cultivar en los hijos una visión optimista de la vida.
* Promover una actitud de disposición para aceptar y evaluar los problemas familiares, así como plantear alternativas reales de solución con la participación de todos los miembros.
* Evaluar objetivamente las acciones de los otros.
* Permitir que todos en la familia expresen sus puntos de vista.
* Profundicemos ahora un poco en lo referente a la economía, que es la situación que produce mayores tensiones en la familia de acuerdo al estudio
* mencionado.
* Algunas de sus dimensiones en la familia son: cómo gastas el ingreso, quién lo va a gastar, cuándo pedir préstamos, cómo invertir el dinero, cómo construir el patrimonio familiar.
* Para muchas parejas es más importante discutir el cómo se va a manejar el dinero que cuánto se tiene.

Se puede lograr un aprovechamiento óptimo del ingreso familiar si se llevan al cabo algunas de las tres técnicas más comunes de administración del dinero:

* Hacer un presupuesto que permita planificar los gastos de toda la familia a
* corto, mediano y tal vez largo plazo.
* Hacer frente a la inflación disminuyendo los gastos. Esto se puede hacer si, por ejemplo, entre varias familias se ponen de acuerdo para hacer sus compras al mayoreo, si se realizan algunos trabajos domésticos que en ocasiones implican gasto extra.
* Desarrollar pautas eficientes para comprar, lo que elimina las discusiones sobre qué se debe comprar.

Si una pareja distingue entre los gastos diarios (la despensa, ropa, productos de uso cotidiano) y los gastos fuertes (un auto nuevo, viajes, muebles) se ahorrará situaciones estresantes, pues así se dan la oportunidad de negociar sobre aquello que es más importante adquirir.

Estas constituyen algunas alternativas que nos pueden permitir manejar las tensiones y el estrés experimentado en la familia. También es importante que cada familia genere sus propios recursos y alternativas acordes a su propia forma de vida.

Hermel Balcázar C®

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