Aprendizaje para mantener la juventud

La riqueza significa “acopio de cosas valiosas y emulación de virtudes de Excelencia”

La acumulación de bienes materiales lleva al ser humano a la riqueza y el aprendizaje continuo proporciona un crecimiento que permanentemente le enriquece, cuando una persona deja de aprender, deja automáticamente de crecer y empieza a envejecer, si algo nos garantiza la eterna juventud es el proceso continuo de aprendizaje, así encontramos jóvenes viejos y viejos jóvenes.

Estos últimos, que cada día aprenden algo nuevo y pueden llegar a la ancianidad siendo siempre jóvenes intelectualmente, a través del conocimiento; hay que vencer los tabúes que por ignorancia nos esclavizan y encontrar la libertad espiritual, cada día al final del mismo nos debemos preguntar “¿hoy qué aprendí?” y valorar nuestro crecimiento a través de la riqueza más importante, el conocimiento. La gran mayoría de los seres humanos vivimos del conocimiento acumulado en nuestro cerebro, casi todos tenemos el mismo hardware, es decir, dos pies, dos ojos, dos brazos, dos oídos, etcétera; la diferencia de que unos prosperen más que otros es el software, lo que cada quien almacena en su cerebro, no sé si ¿usted desea ganar más?, ¿generar mayor riqueza material para usted y los suyos? El secreto está en que enriquezca su mente, incremente su capital mental y como respuesta obtendrá mayor riqueza material; hay algunos extraviados que creen que la riqueza les llegará gracias a su empaque (belleza física), pero lamento decirles que será muy temporal y la calidad de vida a la larga se empobrecerá considerablemente.

No lo dude un momento, no escatime la inversión en su superación intelectual, resulta curioso que a mucha gente le duele autoinvertirse y se resiste a la compra de libros, audios o videos de conocimiento, en cambio no vacila un instante en cuanto a la adquisición de licores, cigarros o pornografía que solamente lo contaminan y lo empobrecen. Son tiempos de aprender, así como en el pasado el poder de los pueblos radicaba en su fuerza militar y ésta evolucionó en los tiempos modernos al poder financiero, y en esa continua evolución el mundo del siglo XXI se verá dominado por los imperios del conocimiento y las naciones, las empresas o personas que más sabiduría posean dominarán al mundo; el valor y la diferencia entre los triunfadores y los mediocres está en lo que contengan sus mentes.

La mente es como un jardín, hay que fertilizarlo, cuidarlo, arrancarle la cizaña, es decir, echar fuera los pensamientos negativos, las telarañas que son los prejuicios fruto de la ignorancia y el abandono, decídase a enriquecer diariamente su activo más valioso: su mente.

Años atrás, se inauguraba un hospital, uno de los más avanzados para la rehabilitación de drogadictos en Estados Unidos. Me impresionó la modernidad de la construcción, lo costoso de los equipos científicos. Fue presentado el personal a cargo con un currículo extraordinario: gente profesional, médicos, psiquiatras, conductólogos, orientadores, un grupo de gran calidad académica y vasta experiencia en la práctica.

Además de las instalaciones clínicas, contaba con zonas de recreo, que incluían gimnasio, salas de música, un campo deportivo. En general, denotaba un plan extraordinariamente bien concebido para la recuperación de los drogadictos, en aumento cada día. Aquel país representa 5% de la población mundial y consumen 50% de la producción total de estupefacientes; al año 15 millones de estadounidenses se enferman de depresión; gastan mas de 1000 millones de dólares en medicamentos para sacarlos de ese resfriado tan común actualmente, que ataca al espíritu humano y que muchas veces es la antesala de la drogadicción.

Al presidente del patronato le correspondió el honor de inaugurar el complejo y me impactó, por su brevedad, el contenido de su discurso:

“Señores, hemos conjuntado los recursos necesarios, tanto financieros como profesionales, para materializar el sueño de un grupo de idealistas: salvar a nuestra juventud de las drogas. Sabemos que los buenos somos más que los malos, pero estos últimos se organizan. Con esta obra se demuestra que la generosidad bien planeada hace realidad lo que para muchos parece imposible. Con un solo joven que rescatemos se justificará todo el esfuerzo realizado.”

En ese momento cortó el listón simbólico; de inmediato los periodistas lo abordaron con un sinfín de preguntas. Una de ellas me dio todas las respuestas:

¿No le parece exagerado que un solo joven rescatado justifique esta inversión, de más de 50 millones de dólares?

Su respuesta fue contundente y definitiva: -Si fuera mi hijo, lo valdría-

¿Tiene algún ideal en la vida?

¿Por qué sería capaz de aportar su vida misma?

¿Tiene algún sueño por realizar en función de otras personas?

¿Qué hace actualmente por lograrlo?

Idealista es aquel que está convencido de que lo imposible es posible; asume causas de las cuales él no ha sido responsable: rescatando niños olvidados que viven en la miseria; luchando por salvar a las víctimas del alcoholismo; ayudando a quienes sufren de graves enfermedades, muchas veces en países muy distintos al suyo; confortando a los que padecen de neurosis crónica.

Son tantas las cruzadas que existen para ayudar al ser humano y el origen de estos movimientos es siempre el mismo: un idealista. Con ello se comprueba que el ser humano, como decía Platón, es espiritual, pues ofrece su propia vida por una idea, por una estrella que alcanzar. No todos se mueven por razones económicas, hay mucho mar de fondo en los idealistas; son personas que no esperan que las cosas mejoren, han dejado de ser espectadores para convertirse en protagonistas del cambio; han rebasado el poder de convocatoria de sus propios gobiernos, y sin importarles nacionalidades, color de piel o religión, su bondad también ha traspasado fronteras. Para ellos no hay acción pequeña, cada vez que ayudan a una sola persona consideran esa acción como la más importante.

El mundo ha evolucionado gracias a ellos. No siempre sus nombres se han registrado en la historia, pero su lucha ha trascendido a sus existencias. Nos han legado un ámbito más humano, libre y justo. Han aliviado a muchos desposeídos.

Ser idealista es dejar de ser egocentrista, de pensar solamente en nuestro bienestar y el de los seres próximos a nosotros. Existir viene del latín exire, que significa salir. Cabría preguntamos: ¿salir a dónde? Al encuentro de una causa, a un ser a quien servir, colaborar para realizar un sueño que beneficie a los demás. Quien decide ser idealista, se convierte en el colaborador más cercano de la creación. La presencia de Dios, ignorada por muchos, se palpa a través de ellos.

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